PRIMERA LECCIÓN:
DIOS CREÓ TODO LO QUE EXISTE
I. INTRODUCCIÓN
Como hemos visto en la lección introductoria, acercarnos a la Biblia es escuchar la palabra de Dios y su mensaje salvífico.
Este mensaje se nos ha dado por medio de la experiencia del pueblo de Israel y de la primitiva comunidad cristiana. Más aún: el mensaje de salvación se nos da en plenitud por medio de Jesucristo. Por tratarse de experiencias que se llevaron a cabo en la historia, la llamamos Historia de la Salvación. La Biblia, y con ella la Historia de la Salvación, inicia con la narración de la creación del universo, y concluye con la esperanza en la segunda venida de Jesucristo, en el Apocalipsis. Así pues, comencemos reflexionando algunos pasajes del libro del Génesis.
I. LA CREACIÓN DEL UNIVERSO
La palabra griega génesis se puede traducir al castellano como «nacimiento», «producción», «linaje», «generación» u «origen». Efectivamente, en el libro llamado Génesis se presentan los orígenes del mundo, del hombre y del Pueblo de Israel, tal como y como el hagiógrafo, es decir, el autor inspirado, lo comprendió.
Gn 1, 1-2 Los primeros versículos de la Sagrada Escritura nos dicen que Dios creó el cielo y la tierra. El texto sagrado nunca cuestiona el «origen» de Dios: ¿Quién lo creó? Está claro que para el pueblo de Israel Dios es el Creador, y es totalmente Otro con respecto de lo que por Él fue creado. Él es la Vida, es la Existencia misma, y por eso puede participarlas.
Gn 1, 3-25 Las cosas son creadas por la sola fuerza de la palabra de Dios: «Dijo Dios». La palabra divina es creadora; manifiesta la voluntad amorosa de Dios, que llama a la existencia a los seres. Conviene tener presente que el texto no tiene finalidad científica, tal como entendemos hoy la palabra «ciencia»; tampoco se opone a la ciencia. Ciencia y fe son campos diversos, pero ello no impide el diálogo respetuoso entre ambos. Para los que tenemos fe, la tarea es buscar en los textos sagrados el mensaje salvífico, y compartirlo con los que no lo han descubierto.
1. El orden de los días en los que se narra el acontecimiento creador está encaminado a explicar por qué el israelita descansa el séptimo día, según la intención del autor sacerdotal: Dios trabajó seis días y descansó el séptimo. Hace falta un día de descanso, y dedicar ese día al culto divino; esto no es opcional, sino necesario.
El mensaje es muy actual si consideramos lo intensa y frenética que es la vida del hombre.Al estresarse la persona, como consecuencia de no descansar, su interioridad se daña, la vida se le hace crisis y, en muchos casos, aun su salud física y psíquica seagrava. Un ritmo de vida esclavizado al trabajo propicia cansancio y vacío. Lógicamente, quien vive así no tiene disposición alguna para dar culto a Dios, y esto le afecta porque se priva del encuentro con Dios, que es descanso y fortalecimiento físico y espiritual.
2. A cada ser que crea, Dios lo hace bueno y le da una función específica. Todos los seres creados están regidos por leyes dictadas por su Creador. De no responder a esas leyes, se rompe la armonía y el orden de lo creado, y se propaga el caos y la destrucción. Los desastres naturales y sociales son la más grande prueba de ello.
Hace mucha falta entender el mensaje de la creación. El hombre necesita llevar su vida de acuerdo con su función –vocación– en el mundo, si quiere evitar tantos desastres y dolor. Lo que Dios ha creado le será propicio al hombre cuando éste entienda, respete y realice el plan de Dios en la creación.
II. LA CREACIÓN DEL HOMBRE
Gn 1, 26-31 Después de preparar el ambiente, Dios crea al hombre que habitará el mundo. Este es un momento importantísimo en la creación.
1. Dios creó a los seres humanos para que fueran señores de la creación, por ello los creó a «imagen y semejanza» suya. El ser humano no ha de ser esclavo de las criaturas, pues cuando esto sucede desfigura esta imagen.
Todo lo creado es para el beneficio y provecho de las personas, pero han de guardarse de ser avariciosas y egoístas. Los bienes son para la humanidad, por eso se debe velar por la justa distribución de ellos. El hecho de que no todos reciban los beneficios de la creación es una permisión de la voluntad divina respecto a los bienes, pues a partir de ello los hombres entienden la mutua necesidad que tienen entre sí: los ricos, de que haya pobres por quienes aprendan a desprenderse y a ejercer la caridad, y los pobres, de pedir ayuda y crecer en las virtudes, para que todos glorifiquen a Dios.
2. La dignidad del hombre se fundamenta en el hecho de ser imagen de Dios, no en las cosas que posee. Y no importa si la persona es un recién concebido, o si lleva varias semanas en el seno materno, o si es ya adulto; tampoco importan ni su edad, ni su sexo. Todas las personas, en cualquier etapa o situación d su vida. Siendo Dios el Amor, creó al hombre capaz de amar, por lo que éste necesita vivir amando si quiere vivir dignamente.
3. Entre las principales amenazas que atentan contra la dignidad humana se encuentran las supersticiones, aunque parezca una exageración. Basta anotar el término en el buscador de Internet para tener una idea de la enorme difusión de charlatanerías:
tarot, horóscopo, lectura de la mano, del café, limpias, hechizos… La superstición hace de quien la padece un ser esclavizado y manipulado. Esto lo saben muy bien los que someten la voluntad y la conciencia de gente que padece dos males: estar desesperada por sus problemas y no confiar en Dios, el único que todo lo puede. Los dominan con el miedo y las amenazas de males, y obtienen jugosas ganancias. Podría decirse que las únicas «limpias» que existen en la realidad son las «de los bolsillos».
La superstición es duramente condenada por la Biblia, porque con ella se da la espalda a Dios y se deja su lugar al Demonio (Dt 18, 1-14; Lv 20, 6. 27). El curanderismo y otras formas de magia y superstición son engaños, autosugestión u obra del Demonio, por más que quieran justificarse.
III. LA NATURALEZA DEL HOMBRE
Gn 2, 7-15 Nos encontramos con una segunda narración de la creación del hombre, que en realidad es la más antigua. Ella nos explica que el hombre es un ser efímero y limitado, como el barro; viene del polvo y al polvo vuelve. El hombre no es Dios. Nunca podrá ser como Dios. Sin embargo, eso no desmerece al hombre ni rebaja su dignidad. El texto parece sugerirnos que como alfarero pone afecto en su obra, al moldearla, también el Señor entregó su amor a su obra predilecta, cuando modeló al hombre: lo hizo con cariño: «hagámoslo a nuestra imagen y semejanza… que mande… que domine».
Dios coloca al hombre en el jardín del Edén y le encomienda la misión de cultivarlo.
El trabajo es una exigencia y de la naturaleza humana, y precisamente porque el hombre será como Dios, el trabajo lo dignifica: el hombre será laborioso, creativo, ingenioso… la pereza y la mediocridad atentan contra la dignidad humana.
Por disposición de Dios, el hombre vivirá con el producto de su trabajo. La tierra, Dios se la da al hombre como una gracia que le toca hacer producir. Estos versículos muestran que la Providencia divina no suplanta la labor humana, sino que la exige para que el hombre realice su vida.
Gn 2, 18-25 Pero el hombre no esta completo sin la mujer. Esta narración –que no debe tomarse literalmente– describe con imágenes literarias la sublime realidad de la pareja humana: «No es bueno que el hombre esté solo». El «hombre», varón o mujer, es un ser con una dimensión social. Ha sido creado para relacionarse, realizarse y crecer en sociedad.
Por esta razón, los actos de la persona repercuten en los demás de una u otra forma. Para que la relación entre las personas madure, se debe considerar el valor que tiene el «semejante».
Es importante notar que la relación de la pareja, hombre y mujer, tiene algo de «divina», por cuanto Dios la proyectó así. Esta relación sólo alcanza su plenitud cuando ambos se consideran con la misma dignidad y los mismos derechos, en virtud de tener el mismo origen, de suerte que el machismo –y el feminismo, como extremo contrario– se oponen a la voluntad divina, pero también a la plena realización de las personas. En la pareja humana, ninguno vale más que el otro, sino que se complementan. Sólo una relación en la que el amor se expresa así, en el respeto y en la mutua donación «de mí al otro», es posible y duradera. Esta idea es clave en el matrimonio.
Finalmente, hemos de considerar la imagen de la desnudez como indicio de que la transparencia mutua es factor determinante en la convivencia. Es ella la que permite la confianza y la confiabilidad.
Reflexionar con una sana disposición sobre el tema de la creación tiene consecuencias muy profundas y bellas en la vida del hombre. En esta reflexión podemos encontrar elementos y luces para mejorar nuestra vida en todos los aspectos; basta establecer una comparación entre el que es «El Proyecto», por antonomasia, y «mi proyecto». A la luz del Señor, cambia la vida de quien acepta su amor y su omnisciencia, es decir, su sabiduría infinita.
TAREA n.º 2
1. Compara Is 40, 12 - 29 con la enseñanza del Génesis. ¿Con qué ideas completa este texto al mensaje de la creación?
2. Según Gn 1, 1 - 31, ¿a qué se debe la existencia de los seres?
3. Describe la vocación del hombre según Gn 12, 6 - 31 y 2, 7 - 15. 18 - 25.