¿CÓMO HAY QUE LEER LA BIBLIA?
La palabra Biblia es de origen griego y significa libros; es una colección que incluye 73 libros que fueron compuestos paulatinamente en el transcurso de más de mil años. Se divide en dos grandes secciones: Antiguo Testamento y Nuevo Testamento. La primera de ellas comprende 46 libros que abarcan desde la creación hasta antes de la venida de Cristo; la segunda contiene 27 libros, y éstos abarcan el período que hay entre la venida de Cristo y la muerte del último apóstol.
Los originales de la Biblia fueron escritos en tres idiomas: el hebreo –que es la lengua del israelita–, el arameo –que es el rústico idioma del mismo pueblo, y éste es que hablaba Jesús– y el griego, en el que están escritos la mayor parte de los libros del Nuevo Testamento. Estos textos se han traducido a todas las lenguas y dialectos, para así llegar a los confines del mundo.
Disponibles y al alcance de todos los cristianos tenemos muy buenas traducciones, que año con año se corrigen al ritmo de las investigaciones que realizan los estudiosos de la Sagrada Escritura. Recomendamos a nuestros lectores usar para este curso una Biblia en letra grande, que le permita localizar y leer los textos fácilmente. Sólo debe cuidarse que se trate de una traducción genuina, lo que se avala por las notas Nihil obstat e Imprimatur de las autoridades, como se explicará más adelante.
Los Misioneros Servidores de la Palabra tenemos la satisfacción de contar con «La Biblia Misionera». Se trata de los comentarios pastorales que la comunidad ha hecho al texto de estudio de la Biblia «Dios habla hoy», de la Sociedades Bíblicas Unidas. Es un texto ampliamente aceptado y recomendado por el CELAM, muy accesible. Las notas explicativas que hemos preparado facilitan el entendimiento del mensaje divino y complementan el contenido de las lecciones que aparecen en los cursos que aquí presentamos.
Otras traducciones recomendables para este estudio son la Biblia de Jerusalén, la Biblia Latinoamericana y la Biblia de América. La primera es muy fiel a los originales; ésta traducción se recomienda a los que quieren profundizar en el estudio más científico de la palabra de Dios. La Biblia Latinoamericana es una traducción preparada especialmente para la mentalidad y el vocabulario del latinoamericano, y la Biblia de América sigue los mismos criterios de adaptación, aunque es una traducción más bien precisa. La Nácar-Colunga es una traducción española que maneja un lenguaje antiguo; se difundió mucho hace algunos años, pero hoy parece entrar en desuso.
Aunque hay también una infinidad de gruesas traducciones de lujo, con muchas imágenes y bordes dorados, no debe olvidarse nunca que la palabra de Dios es para leerla y dejarse empapar del amor de Dios, no para adornar una estancia. Los MSP abrazamos la idea de que la Biblia debe ser un libro para analizarse, subrayarse y llevarse a todos los lugares, sin ningún escrúpulo, pues el libro del cristiano por excelencia.
¿CÓMO SE PUEDE DIFERENCIAR UNA BIBLIA CATÓLICA DE UNA PROTESTANTE O, MEJOR DICHO, UNA TRADUCCIÓN AUTÉNTICA DE UNA FALSEADA?
Hay dos modos importantes para reconocer si la Biblia que ha llegado a nuestras manos es auténtica o ha sido falseada:
1. La Biblia que se corresponde con los originales y que puede tomarse para la lectura con toda confiabilidad recibe una aprobación por parte de los peritos en la materia. Ésta es la que acepta y promueve para su lectura y estudio la Iglesia Católica, y por eso, algunos la llaman «Biblia católica» –pero quede claro que no hay «biblias católicas», sino una y la única Biblia inspirada por Dios y resguardada por la Iglesia–. La aprobación eclesiástica se expresa en las primeras páginas de una Biblia, con las palabras latinas Imprimatur, que significa imprímase, o bien Nihil obstat (nada se opone). Algunas biblias sólo tienen la rúbrica del obispo que autoriza la traducción.
2. Una Biblia auténtica tiene 73 libros, mientras que las falsas tienen sólo 66. Esto se debe a sectas pseudocristianas que no reconocen como inspirados los siete faltantes libros. Los Testigos de Jehová, por ejemplo, difunden una «biblia» cargada de errores doctrinales debida a la traducción tendenciosa de ciertos pasajes, y mutilada –sólo de 66 libros. La titulan «Traducción al nuevo mundo de la Sagradas Escrituras», pero no es auténtica y, por tanto, no es apta para el estudio. Otra secta que usa de una falsa biblia es la de los mormones, que consideran como «tercer testamento» el llamado «Libro de Mormón», lo cual es una patraña. La Sagrada Escritura, que Dios inspiró a los hagiógrafos, consta de sólo dos testamentos, como se ha dicho ya.
¿CÓMO SE HACE PARA LOCALIZAR UN TEXTO BÍBLICO?
Cada uno de los 73 libros que conforman la Biblia tiene un nombre: Génesis, Éxodo… Para encontrar un texto bíblico, primero se busca el libro en el índice –que se encuentra al principio o al final de la Biblia–; en éste se enlistan los libros, con su abreviatura y la página donde pueda localizarse.
A continuación se da un número, el cual corresponde al capítulo. En las páginas de la Biblia aparecen números de tipos grandes y remarcados, fácilmente visibles: estos números corresponden a los capítulos. Más pequeños aparecen otros números entre las líneas de la Escritura, los cuales indican los versículos. A través de este sistema es muy fácil localizar un texto que específicamente nos interesa leer. Así por ejemplo: Gn 1, 26 significa que se trata del libro: Génesis; capítulo: 1; versículo 26.
Si uno quiere que se lean varios versículos en el mismo capítulo –por ejemplo hasta el 28–, se dirá Gn 1, 26-28. Y si se quiere que se lea otro texto del mismo capítulo, pero separado del anterior, se pondrá un punto que separe los versículos correspondientes. Por ejemplo: Gn 1, 26-28. 30 quiere decir que al final de la lectura del versículo 28 se pasará al 30 sin leer el 29.
¿TODA ESCRITURA ESTÁ INSPIRADA POR DIOS?
2 Tim 3, 16-17 (Segunda carta a Timoteo) Afirma que «toda escritura es inspirada por Dios». Esto quiere decir que, aun cuando fue escrita por el puño y letra de grandes genios de la pluma, el Autor primero es Dios. A los magníficos escritores que participaron en la fijación de los textos de la Sagrada Escritura los llamamos hagiógrafos, que quiere decir, Escritores Sagrados. Todos los hagiógrafos fueron inspirados por Dios: «La Santa Madre Iglesia, por fe apostólica, tiene por sagrados y canónicos los libros íntegros del Antiguo y Nuevo Testamento, con todas sus partes, como quiera que, escritos por inspiración del Espíritu Santo, tienen a Dios por autor, y como tales han sido confiados a la Iglesia. Sin embargo, en la composición de los libros sagrados, Dios escogió a hombres, de los que se valió –dentro del uso de sus fuerzas y facultades humanas–, para que, obrando Él en ellos y por ellos, consignaran por escrito, como verdaderos autores, todo aquello y sólo aquello que él quisiera» (DV 11).
En el mismo número de DV, el concilio profundiza en los atributos que la Carta a Timoteo otorga a la Palabra, es decir, que ésta sirve para:
1. «Enseñar»: La palabra de Dios no es cultura ni libros de buenos modales; es palabra que nos enseña a vivir como hijos de Dios entendiendo su voluntad; a amarlo cada día más y a servirle en nuestros hermanos. Los padres de familia, aun cuando no tuvieran mucha cultura, podrían hacer de sus hijos hombres de bien si cuentan con la sabiduría divina que da la acción de la Palabra.
2. «Rebatir»: Esta palabra significa resistir a la fuerza y la violencia que intentan hacer algunos. La Palabra nos afirma en la lucha de la vida, nos da seguridad y confianza, pues nos garantiza que obramos de acuerdo a la voluntad de Dios.
3. «Corregir»: Viene a señalarnos las fallas que vamos teniendo, proporcionándonos un modelo de conducta. Dice el cincelazo no. 60: «Nunca terminamos de cambiar, pues la palabra de Dios es siempre Buena Nueva, y llega a nosotros exigiéndonos cambios».
4. «Guiar en el bien»: Muchos hombres navegan en la vida, sin ningún ideal o sentido de su existencia; se tambalean ante los problemas, dudas o confusiones; son como banderas que ondean hacia donde el viento las empuja, como dic el dicho mexicano: « ¿A dónde vas Vicente? A donde va toda la gente». El auténtico cristiano, en cambio, poseedor del tesoro de la Palabra, se forja un ideal y un carácter, empeñándose en la constante superación; la palabra de Dios es su compañera, que le ayuda a discernir el bien del mal, lo que le conviene de lo que no le conviene.
5. «Hace perfecto al hombre»: Es el hombre como un bloque de piedra sin forma, del que Dios quiere hacer una bella escultura, a imagen de Cristo, su Hijo. Y la palabra de Dios es como el cincel que va eliminando todo lo que impide que en nosotros se descubra el hombre perfecto. Éste es un trabajo lento y pesado, que nos exige paciencia y perseverancia.
¿POR QUÉ LA PALABRA DE DIOS ES VITAL PARA EL HOMBRE?
Son muchos los pasajes en los que la Sagrada Escritura da testimonio de su fuerza en la vida del hombre que se abre a su acción. Como muestra, basten algunos ejemplos.
Hb 4, 12-13 (Carta a los Hebreos, capítulo 4, versículos del 12 al 13) subraya, de manera clara y fuerte, que: «La Palabra de Dios es viva y eficaz»; no es palabra humana que tuvo algún valor acaso hace muchos cientos de años, sino que lo tiene hoy también. Su mensaje es actual y viene a sacudir e inquietar nuestra propia vida. Por eso, nada puede compararse con la voz de Dios que se dirige al hombre para manifestarle su voluntad. Es el medio de comunicación por excelencia, por el que nos unimos a Dios del mismo modo como un padre se comunica con sus hijos: por medio de la palabra les expresa su amor.
La fuerza de penetración que tiene la Palabra, hasta la raíz del alma y del espíritu, es comparable con el de una flecha puntiaguda que se clava en un tronco. Una persona que ha escuchado la palabra de Dios no puede permanecer como antes; pues por medio de ella se descubre la propia miseria y pecado, y al mismo tiempo, se es consciente de la necesidad que tenemos de Dios para seguir adelante. Dice el Cincelazo no. 59: «La palabra de Dios tiene un doble efecto: descubre nuestra miseria para que la detestemos y nos da fuerza para caminar hacia Cristo».
Ef 6, 17 (Carta a los Efesios, capítulo 6, versículo 17) presenta la palabra de Dios como «casco de salvación y espada del espíritu». Nos refleja el papel del escudo de protección que tiene la Palabra. La batalla que libera al cristiano en el mundo actual es difícil e incluso imposible si no se va bien armado con la fuerza de Dios. Dice un conocido refrán: «Nadie va a la guerra sin fusil». Así también el cristiano que no se arma con la palabra de Dios va a una derrota segura en la vida. Tomemos el ejemplo de Cristo que salió adelante de las tentaciones del Demonio defendiéndose con la palabra de Dios. No puede llamarse cristiano a aquel que ignora las Escrituras y desconoce el poder que tiene la Palabra. San Jerónimo decía: «Ignorar las Escrituras es ignorar a Cristo».
Is 55, 10 (Isaías, capítulo 55, versículo 10) Habla del poder de la Palabra para generar la vida y para transformar nuestro ambiente. El fruto lógico de la palabra de Dios es la conversión. No puede entenderse la actitud de un cristiano que, luego de haber escuchado la Palabra permanezca en el mismo estado y actitud en que estaba antes de escucharla.
La Palabra representa la voz de Dios que despierta el amor, única fuerza capaz de lograr cambios positivos en las personas. La historia nos muestra el ejemplo de muchísimos hombres santos que, acogiendo la Palabra, transformaron su existencia y su propio ambiente. También hoy, muchas personas van haciendo esta experiencia, pues salieron de sus vicios y actitudes ateas para convertirse en personas que trabajan para que la Palabra llegue a otros. Su predicación y testimonio prueban la eficacia de la Palabra.
Otros textos que conviene reflexionar para profundizar en el tema de la eficacia de la Palabra son: 1 Pe 1, 23 (Primera carta de Pedro, capítulo 1, versículo 23); Is 49, 2 (Isaías, capítulo 49, versículo 2); Ap 1, 16 (Apocalipsis, capítulo 1, versículo 16).
TAREA n.º 1
1. ¿Qué se entiende por Historia de la salvación?
2. ¿Por qué la palabra de Dios es viva y eficaz?
3. Según el texto de 2 Tm 3, 16 - 17, ¿para qué sirve la palabra de Dios?
4. ¿Cómo distinguimos la auténtica Biblia, recomendada por la Iglesia católica, de una traducción adulterada?
5. Explica brevemente los textos 1 Pe 1, 23; Is 49, 2; Ap 1, 16