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El católico se nutre de la palabra de Dios y de los Sacramentos.
No podemos dejar de lado ninguna de estas dos fuentes de riqueza espiritual si no queremos arriesgarnos a vivir en la periferia o fuera de la Iglesia católica.
Pero, para que la recepción de los sacramentos no se vuelva una práctica vacía o mágica, es necesario que el cristiano comprenda que cada sacramento es un encuentro personal con Cristo y se disponga a ello.
En la exposición de los temas hemos hecho gran uso de la Biblia y de los documentos eclesiásticos.
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