Mariana Lozano, hmsp
La mayoría de los que profesamos la fe cristiana en la Iglesia católica lo pensaríamos dos veces antes de cambiar de denominación religiosa, pero... Cuáles serían nuestros motivos, ¿para no romper con la tradición familiar?, ¿para no ser criticados?, ¿porque tememos un castigo del Cielo?
Detrás de todo esto hay algo más profundo y valioso, que todo católico debe conocer...
Pregunta:¿Por qué eres católico?
Respuesta: Porque pertenezco a la Iglesia católica
P. ¿Y eso qué significa?
R. Que pertenezco a la Iglesia de Cristo, a la que Él quiso dejar la verdad de salvación plena y total, y que está llamada a compartir este tesoro a todos los hombres.
P. ¿No te parece pretenciosa esa afirmación? Suenas muy presumido (a).
R. No, claro que no. Lo que digo no es vanidad o presunción. Cristo cuando estuvo entre nosotros quiso dejar cimentado a un pueblo, en quien depositaría sus enseñanzas y su gracia para que, a su vez, este pueblo nuevo la llevara a todos los hombres.
Esta fue una clara voluntad de Jesús (cf. Mt 16, 18-19; Jn 21, 15-17; 1Co 12, 12-13). Y en esta comunidad que se reuniría para alabar su Nombre y vivir en comunión con los hermanos dejó a un jefe: Pedro. A él, junto con los demás apóstoles, le encomendó una tarea: resguardar todo lo que les había enseñado, impidiendo que hubiera desviaciones para el futuro (doctrinales, morales, etc.).
P. ¿A estos hombres, casi todos rudos e ignorantes, encargó el Señor su Iglesia, su doctrina?
R. ¿Y a quién más podía encomendar esta tarea? ¿Acaso debía hacer bajar del cielo ángeles para que cuidasen el tesoro de la fe? Cristo confió en los hombres. Y más aún. Les dio capacidad para «atar y desatar», es decir, lo que ellos en comunión y bajo la luz del Espíritu Santo decidieran, eso lo aceptaría el Señor como salido de su boca: «lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo» (Mt 16, 18-19).
Pedro y los apóstoles, cuando Cristo abandonó este mundo para ir al Padre, aceptaron esta misión y la realizaron en la práctica: «Pedro recorría aquellas regiones, bajó a ver a los santos que vivían en Lida» (Hch 9, 32). Ellos visitando las comunidades inspeccionaban que nadie falseara o deformara la enseñanza traída por Jesús. Una sola es la verdad. No pueden existir muchas verdades. Por ejemplo, hubo quienes, en la Iglesia, empezaron a enseñar como verdad que Cristo no era realmente Dios (Arrio, en el s. IV); otros decían que no había tomado realmente la naturaleza humana y en fin, muchas otras cosas que confundían a los fieles.
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