Inquietud Nueva: la revista que lleva a los hogares los valores del Evangelio, promoviendo el amor entre los hombres.

Misioneros en acción

Hay de mí si no predico el Evangelio.

P. Javier Almanza, msp

«¡Ay de mí si no predico el evangelio!» Con esta expresión, que encontramos en la primera carta a los Corintios (9,16), San Pablo, el apóstol, nos regala una de las verdades más profundas en la vida de un auténtico discípulo: Amar a Jesús es anunciarlo. Esto permite entender que es impensable que un hombre que se ha encontrado cara a cara con Cristo resucitado, no sienta arder en su corazón la necesidad de anunciarlo. Nos enseña que predicar la palabra de Dios es una necesidad para todo aquel que se ha dejado conquistar por Cristo.

Una fuerza que transforma

San Pablo experimentó en su vida la fuerza del amor de Dios, un amor que lo transformó por completo, y lo lanzó a conquistar el mundo para Jesús. Un amor que le hizo descubrir, que comparado con Cristo, todo palidece, todo es basura (cf. Flp 3, 7). Anunciar el evangelio es un bálsamo para curar las heridas que nos ha provocado el pecado, y en nuestro mundo existen millones de hombres, hermanos nuestros, que sufren por no conocer el corazón del Evangelio: Dios nos ama, nos perdona y entregó su vida por amor a nosotros, por nuestra salvación (cf. Ro 10, 15.17).
¿Cuántos hombres andarán por el mundo sin fe, sin esperanza, sin amor? ¿Cuántos sufrirán creyéndose solos y abandonados? Los hombres de nuestro mundo deben recuperar la fe para tener la fuerza del amor de Dios y luchar con valentía contra todo aquello que les arrebata las ganas de vivir. Basta mirar un poco a nuestro alrededor para darnos cuenta que anunciar el evangelio es una exigencia que espera una pronta respuesta de cada uno de nosotros.  

Un amor en ascenso

La experiencia del amor de Dios, que animó a San pablo a arriesgarlo y darlo todo por Cristo, es la que debe animar la vida de todo hombre que se consagra al Señor. Seguir a Jesús debe de ser una experiencia de amor, de fe y de esperanza crecientes: entre más le conocemos, más debemos desear que sea conocido; entre más le amamos, más debemos desear que sea amado.
¡Quien ha conocido a Dios no puede callar! El amor de Jesús se convierte en un motor que echa a andar la vida y nos impulsa a anunciarlo a todos los hombres; por lo tanto, es impensable que un hombre que le ha entregado su vida a Dios no arda en deseos de comunicar su palabra.

Una tarea para todos

Sin embargo, la tarea de anunciar el evangelio, es un compromiso que no debe, ni puede reducirse a la vida consagrada. Por el contrario, debe asumirse generosamente en la vida de todo bautizado. Ésa es nuestra misión, que los laicos, al encuentro con la palabra de Dios, se descubran como discípulos y misioneros de Jesús, asuman su compromiso de bautizados y arrebaten su vocación profética. El documento de Aparecida nos ilumina y anima diciendo: «Los mejores esfuerzos de las parroquias, en este inicio del tercer milenio, debe estar en la convocatoria y en la formación de los laicos misioneros. Solamente a través de la multiplicación de ellos podremos llega a responder a la exigencias misioneras del mundo actual» (174).

Una parroquia misionera

parroquia de quetzaltenangoNuestro anhelo es lograr que la parroquia de Quetzaltenango, Guatemala, en la que  estamos evangelizando desde hace un poco más de dos años, se transforme en una parroquia misionera, donde cada bautizado se asuma como discípulo y misionero que sirva a la Palabra con amor, generosidad y sacrificio.
Sabemos que el tiempo de cuaresma y Pascua es un tiempo especial para anunciar la Palabra de Dios, es por eso que el primer domingo de cuaresma realizamos un retiro para todos los laicos que participan en los grupos de la Iglesia. En él meditamos la palabra de Dios, oramos y reflexionamos el mensaje del papa Benedicto XVI para esta cuaresma. El papa nos exhorta a compartir lo que tenemos con los que lo necesitan, y lo más valioso que podemos compartir con los demás es la palabra de Dios, que es luz y vida. Así es que hicimos un compromiso para vivir una cuaresma y una Pascua misionera, y salir todos a anunciar el evangelio, por cada uno de los rincones de nuestra parroquia. Realizamos diferentes actividades: pláticas cuaresmales, el Vía Crucis por las calles, la Pascua Juvenil, etc., todas ellas con el único objetivo de que las personas de nuestra comunidad tengan un encuentro vivo con Jesús a través de su Palabra.

Hay que sacudirse el miedo

Cuando la palabra de Dios se siembra en los corazones con amor y esperanza, siempre da un buen fruto, y cumple su misión (cf. Is. 55,10-11). Sabemos que el trabajo realizado no es motivo de vanagloria, sino de agradecimiento ante el Señor. Si queremos comunidades vivas y fervorosas debemos asumir el compromiso de anunciar, con ánimo y generosidad, el evangelio. La mies es mucha y los obreros pocos (cfr. Mt 9, 37-38), por ello hay que sacudirse el miedo o la indiferencia que paraliza el corazón. Quien ha conocido a Jesús, no puede ni debe guardar silencio. El mundo necesita discípulos y misioneros, y no hay duda que todos estamos llamados a serlo.

 

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