Inquietud Nueva: la revista que lleva a los hogares los valores del Evangelio, promoviendo el amor entre los hombres.

Vocacion Misionera

Aquí estoy, envíame a mí

P. Moisés Vivar M., msp

El capítulo sexto de Isaías nos presenta una experiencia del profeta, que se puede calificar de mística. Esta experiencia tiene como fondo la llamada de Dios para que el profeta cumpla una misión. De hecho es el principio de su servicio profético.
Es mística porque todo se da en el templo, muy probablemente en el ambiente de culto. Alguna experiencia litúrgica introdujo a Isaías a una vivencia decisiva para su vida. Él pudo constatar que las celebraciones del culto no tienen por qué ser ritos fríos o vacíos; bien pueden conducir al celebrante a un encuentro con Dios. El culto bien celebrado nos puede llevar a vivencias espirituales intensas. Para el profeta es una experiencia contemplativa que le permitió ver la gloria de Dios. Es su amor y respeto por las celebraciones cultuales lo que sirve de base para que Dios se le manifieste y le hable. Gracias a lo que sucedió en el templo Isaías vive la cercanía de Dios a quien le podrá entregar su vida.
Esa cercanía de Dios tiene una fuerza sagrada tan grande que Isaías no puede evitar comparar la santidad de Dios con su condición de pecador. Tan intensa es la luz que puede medir muy bien la distancia entre Dios y la humanidad. Isaías estará tan agobiado por la conciencia del pecado, que se sentirá más bien perdido: «¡Ay de mí, voy a morir! He visto con mis ojos al Rey, el Señor todopoderoso: yo que soy un hombre de labios impuros y vivo en medio de un pueblo de labios impuros» (Is 6,5). Pero es un gesto, igualmente cultual, el que lo dejará en condiciones para mirar a Dios: es purificado con un carbón encendido. Curiosamente es la misma celebración de culto lo que le proporciona el medio para purificarse. Isaías ha vivido lo que muchos santos y místicos; ha entendido que la distancia que hay entre Dios y el hombre pecador, el perdón la diluye a través de un gesto gratuito y que se puede encontrar en el culto: «Mira, esta brasa ha tocado tus labios. Tu maldad te ha sido quitada, tus culpas te han sido perdonadas» (Is 6,7). Parece haber aprendido que estar cerca de Dios no nos quita la conciencia del pecado -hasta pareciera sentirse más- pero esa misma cercanía tiene la fuerza de la purificación. Isaías se ha dado cuenta de que el pecado no puede apagar la vitalidad de la vocación.
disposiciónPrecisamente cuando se ve purificado, es cuando mayor fuerza tiene para comprometerse. Esa limpieza le permite escuchar con claridad aquella voz inconfundible. Una voz que parece hablar al aire o provocar a quien ponga atención: «¿A quién voy a enviar? ¿Quién será nuestro mensajero?» (Is 6,8). Con razón Jesucristo dirá más adelante que son dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios (cf. Mt 5,8). La disposición del corazón generoso nace de la purificación interior, de la purificación del pecado, pero también de la purificación de las intenciones.
Es probable que uno de los grandes defectos en nuestra religiosidad sea el de la distracción y superficialidad en las celebraciones cultuales, litúrgicas. El ritualismo, la monotonía y la costumbre diluyen la posibilidad de encuentros vivos con el Dios que habla. La carencia de vocaciones o la dureza para responderle a Dios pueden tener su raíz en esa falta de misticismo en las celebraciones. No nos equivocaríamos si decimos que una mediocridad celebrativa es la que impide las experiencias místicas de la vocación. Sin duda uno de los motivos de la carencia vocacional se deba a que a las celebraciones les falta unción, por parte del celebrante y por parte del concelebrante. No se trata de hacer espectáculos religiosos, sino de introducir al misterio de Dios.
Conviene revisar la manera como se celebra la fe; cómo se dirige uno a Dios y se dispone a encontrarlo, seguro la vocación se verá beneficiada.

¿Tengo que dejarlo todo?

Soy Erick, de 27 años de edad, arquitecto por profesión. Interrumpí mis estudios de postgrado por cuestiones de trabajo. Conocí a los hermanos misioneros hace 5 años en mi comunidad. Por aquellos días me encontraba dudoso en cuestión de fe; por gracia de Dios descubrí la predicación y actividades que los MSP realizan. No puedo decir que no movió nada en mi interior mi corta experiencia con ustedes. Una vez terminada la misión en mi comunidad, yo seguí asistiendo a diversos retiros y eventos masivos. Creí que la sensación experimentada en mí se debía en gran parte a mera emoción o sentimentalismo, así que decidí alejarme de actividades propias de un ser cristiano.
Pero el día de hoy decido incorporarme y tratar de levantar el ánimo y permitirme la oportunidad de vivir un encuentro mucho más íntimo, cercano e intenso dentro su comunidad, con los MSP. Hoy es más difícil que al inicio. Tengo trabajo y emprendo nuevos negocios cada día. Tengo muchas aspiraciones en beneficio común con mi familia, y desde luego, personales. Tomar la decisión de «dejar todo» implica «todo»: relaciones personales, trabajo, familia, sueños, aspiraciones, metas... Sin embargo, esta emoción que me impulsa a entregarme no me permite vivir plenamente tranquilo. Creo que después de una negación por más de cuatro años es importante para mí vencer la barrera y dar el paso. No espero, por su parte, se me diga lo que debo hacer. Tengo entendido que una buena sugerencia es dejarse moldear, y todo nacerá de nuevo. Le comparto esto esperando una opinión que quizás, ayude a mi indecisión y la transforme en convicción, sea cual sea la elección. Espero estas líneas puedan llegar a usted, por su atención gracias.

Erick Muñoz Hernández.

Erick:
En la vida no es suficiente con descubrirse insatisfecho con lo que se ha realizado. Tampoco es suficiente con descubrir el llamado de Dios; es necesario elegir y toda elección implica renuncia. La renuncia tiene que hacerse de modo concreto y no sólo «de deseo». Ten presente que las decisiones que sólo se piensan y no se concretan acarrean frustraciones, y la frustración crea la derrota, y ésta la amargura. Pero los llamados por Dios, lo son para ser felices en la victoria.

 

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