Inquietud Nueva: la revista que lleva a los hogares los valores del Evangelio, promoviendo el amor entre los hombres.

Sólo el amor de Dios puede mantener viva la frescura del amor humano

Saludo de S.E.R. Mons. Christophe Pierre, Nuncio Apostólico en México, en el Retiro de los 20 mil padres de familia en San Vicente Chicoloapan, el 28 de marzo de 2010.

Muy queridos padres y madres de familia,
Me alegra mucho tener la oportunidad de encontrarme hoy con todos ustedes, hijos sin duda privilegiados de Dios que los ha elegido, llamado y encomendado la comprometedora, maravillosa y noble misión de ser, por así decirlo, «co-creadores» con Él, porque el Señor Dios, que es Amor, los ha escogido para que a través y gracias a su propio amor, colaboren con Él en la creación de nuevas vidas, de nuevos seres humanos, de nuevos hijos de Dios y de nuevos futuros santos: ésa es, queridos padres y madres de familia, su maravillosa vocación.
En ese camino vocacional, el Señor ha permitido que esta Cuaresma, tiempo de gracia para prepararnos a acompañar a Jesús en su subida a Jerusalén, los condujera hasta aquí participando en este retiro para encontrarse con Cristo. Los ha convocado en este día en el que la liturgia introduce a los cristianos en la ciudad santa de Jerusalén, donde Jesús es aclamado por la multitud como el que viene en el nombre del Señor (Mc 11,10), aun cuando no faltaron, también entonces, quienes hubieran preferido el silencio de los discípulos (cfr. Lc 19, 39-40). (...)
¡Sí! También nosotros nos unimos a la multitud de los discípulos que con alegría acompañan al Señor en su entrada en Jerusalén y lo hacemos con este nuestro encuentro que nos motiva a reafirmar y a renovar nuestra fe en Cristo Jesús, y a confirmar nuestra voluntad de ser discípulos y misioneros de nuestro Rey y Salvador. (...)
¡Sí, hermanos y hermanas! Podemos decirlo con santo orgullo: somos discípulos de Jesús y, por ello, queremos y debemos seguirlo. Pero, ¿qué quiere decir «seguir a Cristo»? (...)
La verdadera esencia del seguir a Jesús estuvo y está en el cambio interior de sí mismo, para asumir como criterio existencial a Jesús: Camino, Verdad y Vida. Por ello, seguir a Jesús significa estar al servicio del Amor, de la Verdad y de la Vida.
Esta actitud esencial del seguimiento de Jesús es particularmente necesaria en esta nuestra época en la que la familia está pasando por un período difícil. Desde hace décadas, en efecto, las familias cristianas han recibido persistentemente mensajes que indudablemente tienen como propósito hacer que su mirada se aleje del rostro de Cristo y que los valores, que la configuran y sostienen, se debiliten o hasta desaparezcan: series de televisión, películas, libros, artículos de prensa, etc., tienden insistentemente a ello. En consecuencia, la calidad de los vínculos familiares se ha visto afectada; muchos miembros de las jóvenes generaciones, frecuentemente desarraigados y frágiles, se ven empujados a alejarse de Cristo y de los verdaderos valores para buscar una ilusoria realización en paraísos efímeros y artificiales de importación, que sin embargo, jamás lograrán asegurar una felicidad profunda y duradera. (...)
Invoquen siempre la presencia de Jesús, no como indebida intromisión externa en las relaciones íntimas de los esposos y de la familia, sino como condición para que pueda cumplirse la gran promesa que el hombre ha recibido de Jesús: «sin Mí nada pueden hacer... permanezcan en mi amor» (cfr. Jn 15, 5-11). Sin el amor de Cristo y a Cristo, la relación se seca. Sólo permitiendo a Cristo entrar en ella su relación podrá mantenerse viva y fresca con el pasar del tiempo. El ímpetu con el que alguien se enamora, no basta, en efecto, para impedir que el amor se oxide con el tiempo. Sólo el Amor de Dios puede mantener viva la frescura del amor humano. Sin el Amor de Cristo, el ideal cristiano del matrimonio se reduce a algo prácticamente imposible de realizar y la indisolubilidad del matrimonio y la eternidad del amor aparecen como quimeras inalcanzables. ¡Permitan, pues, siempre, que sea el Amor de Cristo quien dé luz, fuerza y razón a sus vidas!
Queridos padres y madres de familia: para nadie es un secreto que uno de los problemas que aquejan a no pocos es la fragilidad y la inconstancia en su vida cristiana, en su vida de fe. Fe que, como dijimos antes, no consiste simplemente en acoger a Jesucristo con la mente y de manera abstracta, sino que reclama ser recibido también con el corazón y con la voluntad. Este nuestro encuentro, por ello, es también una invitación a reafirmar la fe que profesamos, para ser fieles y coherentes creyentes en Cristo. (...)
Cuiden, también, de no dejarse fascinar por las falsas glorias y los falsos ideales, y no permitan que sus corazones y voluntades se desvíen hacia las cada vez más numerosas propuestas pseudo religiosas, ni hacia la superstición, ni hacia las sugerencias fáciles a favor de los contra valores, ni hacia la indiferencia religiosa. Como los apóstoles también nosotros supliquemos: «Señor, auméntanos la fe» (Lc 17, 5). (...)
Que Él bendiga a cada uno y a cada una de ustedes ayudándoles a vivir su vocación conyugal y familiar, para poder, así, testimoniar también concretamente la fuerza de su amor, mismo que tiene su fuente, su fuerza y su meta, en el Amor infinito del Dios que nos amó primero. Que José, el Justo, y María, Esposa y Madre, les ayuden a reconocer y a hacer que la familia sea lugar de encuentro con Dios y de vida con Él, en Jesús.
Queridos hermanos y hermanas: ¡Que el Señor les bendiga abundantemente a todos!

Cybersepa
MSP
Cursos Bíblicos
Inquietud Nueva
Retiros
ITL
Libros
Videos