Del Catecismo de la Iglesia Católica nn. 2041-2046.
¿En qué nivel se sitúan los mandamientos de la Iglesia y cuál es su fin primordial?
Los mandamientos de la Iglesia se sitúan en la línea de una vida moral referida a la vida litúrgica y que se alimenta de ella. El carácter obligatorio de estas leyes positivas promulgadas por la autoridad eclesiástica tiene por fin garantizar a los fieles el mínimo indispensable en el espíritu de oración y en el esfuerzo moral, en el crecimiento del amor de Dios y del prójimo (n. 2041).
¿Cuáles son los Mandamientos de la Iglesia, qué exigen a los fieles y por qué son de gran beneficio?
El primer mandamiento («oír misa entera los domingos y demás fiestas de precepto, y no realizar trabajos serviles») exige a los fieles que santifiquen el día en el cual se conmemora la Resurrección del Señor y las fiestas litúrgicas principales en honor de los misterios del Señor, de la Santísima Virgen María y de los Santos, en primer lugar participando de la celebración eucarística, en la que se congrega la comunidad cristiana, y descansando de aquellos trabajos y ocupaciones que puedan impedir la santificación de esos días.
El segundo mandamiento («confesar los pecados al menos una vez al año») asegura la preparación a la Eucaristía mediante la recepción del sacramento de la Reconciliación, que continúa la obra de conversión y de perdón del Bautismo.
El tercer mandamiento («recibir el sacramento de la Eucaristía al menos por Pascua») garantiza un mínimo en la recepción del Cuerpo y la Sangre del Señor en conexión con el tiempo de Pascua, origen y centro de la liturgia cristiana.
El cuarto mandamiento («abstenerse de comer carne y ayunar en los días establecidos por la Iglesia») asegura los tiempos de ascesis y de penitencia que nos preparan para las fiestas litúrgicas y para adquirir el dominio sobre nuestros instintos, y la libertad del corazón.
El quinto mandamiento («ayudar a las necesidades de la Iglesia») enuncia que los fieles están además obligados a ayudar, cada uno según su posibilidad, a las necesidades materiales de la Iglesia (nn. 2042-2043).
III. Vida moral y testimonio misionero
¿Es condición primordial para el anuncio del Evangelio y la misión de la Iglesia en el mundo la fidelidad de los bautizados?
Sí. La fidelidad de los bautizados es una condición primordial para el anuncio del Evangelio y la misión de la Iglesia en el mundo. Para manifestar ante los hombres su fuerza de verdad y de irradiación, el mensaje de la salvación debe ser autentificado por el testimonio de vida de los cristianos. «El mismo testimonio de la vida cristiana y las obras buenas realizadas con espíritu sobrenatural son eficaces para atraer a los hombres a la fe y a Dios» (n. 2044).
¿De qué manera contribuyen los cristianos a la edificación de la Iglesia?
Los cristianos, por ser miembros del Cuerpo, cuya Cabeza es Cristo, contribuyen a la edificación de la Iglesia mediante la constancia de sus convicciones y de sus costumbres. La Iglesia aumenta, crece y se desarrolla por la santidad de sus fieles, «hasta que lleguemos al estado de hombre perfecto, a la madurez de la plenitud en Cristo» (Ef 4, 13) (n. 2045).
¿Cómo pueden apresurar, los cristianos, la venida del Reino de Dios?
Llevando una vida según Cristo, los cristianos apresuran la venida del Reino de Dios, «Reino de justicia, de verdad y de paz». Esto no significa que abandonen sus tareas terrenas, sino que, fieles a su Maestro, las cumplen con rectitud, paciencia y amor (n. 2046).