¿Me amas más que éstos?
P. Moisés Vivar M., msp
Esta pregunta se la hizo Jesús resucitado a Pedro, después de una pesca prodigiosa y de un desayuno con ellos, que más bien era una comida eucarística (cf. Jn 21,13).
Es significativo que le hiciera la pregunta en tres ocasiones, las mismas veces que Pedro se empeñó en negar que conociera al nazareno que estaban juzgando en el Sanedrín y en el pretorio. Por lo visto tiene relación una cosa y otra.
Jesús quiere reivindicar a Pedro, dándole una oportunidad de confesar su amor y adhesión total al Maestro. En el servicio a los hermanos, Pedro tendrá la oportunidad de sacarse esa espina que quedó clavada y que lastimaría por un tiempo al apóstol. Por eso Jesús no deja en una simple confesión la actitud de Pedro. Le pide que cuide su rebaño (Jn 21,15-17).
Por una parte, la dedicación por el cuidado de sus hermanos y la conducción que ha de hacer de los discípulos de Jesús, le permitirán a Pedro demostrar el amor por el Maestro. Será la vida apostólica y la actitud pastoral lo que hará del apóstol un verdadero enamorado de Jesús; además, podrá sanar la herida que toda infidelidad deja abierta.
Por otra parte, la fuerza del amor que nace en Pedro lo mueve a un seguimiento generoso y confiado. Ahora no hay razones para sentir vergüenza y temor. Una vez superada la humillación podrá entregarse a la voluntad de Jesús. No importa que ya no sea Pedro el que decida qué hacer con su vida. Otro le amarrará la cintura y él se dejará llevar (Jn 21,18-19). Obediencia y disponibilidad total serán las actitudes en adelante.
Ésta es la pedagogía de Jesús. Darle al pecador una oportunidad de reivindicarse mediante una mejor y más intensa vivencia de su vocación. No se trata sólo de un gesto en el que pasivamente recibe perdón y misericordia, sino que le da oportunidad de mostrar mediante actos que ha entendido la lección y que puede dar lo mejor de sí. Misericordia y generosidad se combinan para que un hombre pueda potenciar su capacidad de amar y de servir. Son las virtudes por las que un cristiano puede vivir mejor su vocación y hacerla más fecunda.
La vocación tiene que ser experimentada constantemente como una llamada al seguimiento. Tiene que verse en ella una oportunidad de levantarse de las caídas y como posibilidad de purificar pecados. Pero, sobre todo, tiene que experimentarse como un crecimiento en el amor. Bien aprovechados los errores, nos capacitan a mejorar la manera de amar al Señor y prevenir cualquier infidelidad.
Todo parece indicar que una manera de experimentar el amor de Dios y de crecer en el amor a Dios es mediante la vocación abrazada con fuerza.
Por eso, quien experimente el llamado de Dios debe tener presente que lo llama a servir, y seguramente le invita a crecer en el amor y a reivindicarse de todos los errores cometidos, especialmente de los pecados que más marcan la vida. El servicio debe ser mayor, cuanto mayor es lo que se tiene que purificar. Que el que es llamado diga al Señor que lo ama más que ningún otro, y que le abra los brazos dócilmente para que Él le amarre la cintura y lo conduzca a donde quiera. Eso será en bien del amor.
Yo quiero realizar mi vocación misionera
Mi nombre es Gabriela A. Perea Quiroz. Actualmente tengo 17 años, y soy del estado de México, de un pequeño pueblo llamado Sn Lorenzo Oyamel, Temoaya. Me animé a escribirle porque desde hace mucho tiempo siento una gran vocación; pero no la he podido desempeñar, ya que mis padres no me lo han permitido. Verá. Entré a un retiro espiritual hace ya 4 años, y desde ese momento sentí la necesidad de gritar al mundo la grandeza del Señor. Perseveré durante dos años y después lo dejé, pues cuando quise hacer un retiro vocacional mis papás no me lo permitieron. Ellos también vivieron un retiro espiritual pero cuando se trató de mí no quisieron que se hiciera la voluntad del Señor. Eso me dolió muchísimo. Yo ya tenía todo planeado, pero de nada sirvió. Mi mamá no me quiso llevar y mi papá hizo como que no escuchaba. Desde entonces pensé que a lo mejor era voluntad de Dios que yo siguiera con mi vida normal.
El sueño de mis padres es que yo haga una carrera universitaria, pero quedé tan decepcionada de ellos... Yo creía que me iban a apoyar siempre en mis decisiones. Me alejé del Señor y no volví con mi grupo en la Iglesia. Hace un año una hermana también sintió ese llamado, y sus padres sí la apoyaron. No sé qué fue de ella, pero supongo que es feliz si está con el Señor.
Hoy sigo sintiendo ese llamado de Dios y quiero saber qué tiene Él destinado para mí. Pido mucha fortaleza al Señor y que mis papás entiendan esto. Incluso haré lo posible para no entrar a la Universidad. Sólo así podré ir a un retiro vocacional y entregarme al servicio de Dios. Créame no me interesa una carrera, sólo quiero estar cerca del Señor. Estoy dispuesta a dejarlo todo por servirle. A veces quisiera tener una familia que no tuviera miedo a dejarme volar. La decisión está tomada. Le pido que me ayude a hacer comprender a mis papás que esto no es un juego para mí, que me alejé de la Iglesia sólo por obedecerlos y sacar de mi mente esto que siento, pero no puedo.
Cada vez que leo la revista Inquietud Nueva me motivo más para salir adelante. Vivo muy lejos y necesito el apoyo de alguien que no se burle de mí cuando digo esto.
No puedo sola y buscaré ayuda del sacerdote de la comunidad. Quisiera que me entendieran, todavía no soy mayor de edad para salir de casa e irme sola, pero si lo fuera lo haría. Para mí lo más importante es encontrar mi respuesta.
Espero que lea mi carta. Sé que tiene muchas más, pero necesito su consejo. Aún estoy a tiempo de enfrentar a mis papás y no sólo quedarme callada y decir «sí» a todo lo que digan.
De antemano gracias por difundir esta revista que es una motivación para muchos jóvenes como yo, que Dios lo bendiga y derrame sobre usted mucha salud para seguir con este proyecto.
Hasta pronto. Espero su consejo.
Gabriela:
Es muy lamentable que para muchos padres de familia, inquietudes como la tuya, sean muy poco importantes. Que los hijos lleguen a tener una carrera es bueno y es necesario, pero pensar que la vida misionera es «muy poco» para un hijo o una hija, comparándolo con el estudio de una carrera, es doblemente lamentable. Como si sólo los que estudian una carrera fueran importantes y los misioneros no. Desgraciadamente, es el resultado de una generación que considera lo material como la aspiración más grande que se pueda tener, el lucro como el mejor oficio, y el servicio desinteresado como la peor desgracia. Para evitar problemas con tus padres, y para que no les faltes al respeto y aproveches el tiempo, conviene que hagas lo que te piden. Y cumplirás la mayoría de edad mientras estudias. De cualquier manera, cuanto más te prepares es mejor, pues la vida misionera también necesita gente preparada. Mantente en contacto con nosotros, y ten mucha paciencia. Un año pasa rápido. Cuando llegue el momento de tomar decisiones propias, elegirás si sigues estudiando o te vienes con nosotros.
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