
En nuestro mundo resulta cada vez más difícil la convivencia entre los hombres. Muchos niños son maltratados por la guerra y el hambre; existen familias desunidas donde los pequeños sufren. Por eso, es importante que todos nos unamos en oración, pues Jesús nos recuerda en el Evangelio: «Pidan y Dios les dará» (Mt 7,7a).
La Cuaresma es un tiempo propicio para realizar pequeños sacrificios, ofreciéndolos por los más necesitados; como por ejemplo, no comer lo que más te gusta, ver menos televisión o ayudar más a mamá. Así, nos prepararemos mejor para recibir a Jesús resucitado en nuestro corazón.

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