Misioneros Servidores
de la Palabra
 
     



 
 
 
 
 


4 San Casimiro

El nombre de Casimiro significa "grande en mandar". Nació en 1458 del Rey de Polonia y Lituania y de Elizabeth de Asburgo, llamada "la madre de los reyes", porque tuvo 13 hijos y todos, menos Casimiro, ciñeron la corona real.

Los habitantes de Hungría, habiéndose rebelado al rey Martín Corvino, ofrecieron el trono al príncipe polaco, Casimiro. Pero éste renunció a todo deseo de poder, como había renunciado a los placeres de la carne y había abrazado la castidad. Fue un hombre de gran oración y de mucha caridad para con los pobres. Murió muy joven, en el año 1484, y su fama de santidad se divulgó en todas partes. El, que había huido de los honores, fue luego el más honrado de sus hermanos reyes.

7 SANTAS PERPETUA Y FELICIDAD, mártires

Perpetua era dama de la nobleza de Cartago, y Felícidad era su criada. Las dos eran catecúmenas, es decir se estaban preparando para recibir el bautismo. Sufrieron el martirio el 7 de marzo del año 203.

Las Actas de los Mártires nos transmitieron el testimonio de su martirio.

"Cuando nosotras aún estábamos junto con los alguaciles y mi padre, lleno de amor, no dejaba de hablarme para convencerme de que apostatara, le dije yo: ‘¿Ves aquel jarrón?’ ‘Sí’, contestó él, ‘lo veo’. Yo seguí preguntando: ‘ ¿Se le puede nombrar de otro modo del que le corresponde?’ Y él contestó: ‘No’. ‘Entonces tampoco yo me puedo llamar de modo distinto a lo que soy’: Cristiana".

"Cuando fuimos llevados al interrogatorio, mucha gente se había aglomerado, porque el rumor de que íbamos a comparecer ante los jueces había sido divulgado en la comunidad. Subimos a la tribuna. Todos los demás confesaron su fe. Luego me tocó a mí; en el mismo instante vi llegar a mi lado a mi padre con mi hijo. Mi padre me arrastró escaleras abajo y me dijo: ‘¡Pide perdón, ten piedad de tu hijo!’."

"El procónsul Hilariano, en cuyas manos se encontraba la jurisdicción sobre la vida y la muerte en aquel tiempo, me dijo: ‘¡Piensa en los cabellos blancos de tu padre, considera la edad tierna de tu hijo; sacrifica por el bien de los césares!’ Yo solamente contesté: ¡Si soy Cristiana!".

"Cuando mi padre trató de arrastrarme de nuevo hacia abajo, fue sacado de la tribuna por orden del juez y azotado con látigos; eso me dolió en el alma, como si fuera yo misma a la que azotaban; tanto me dolió la desdicha del anciano. La sentencia del juez consistió en que nosotras fuéramos arrojadas a los animales salvajes. Alegres, bajamos de nuevo al calabozo".

La persona que hace esta narración, aparentemente fue testigo ocular de su ejecución, el día del cumpleaños del César. Menciona a la esclava Felícidad: "En cuanto a Felícidad, le tocó la gracia del Señor de esta manera: Estaba encinta desde hacía ocho meses, en ese estado había sido capturada y el día de los juegos se acercaba".

Esta circunstancia la entristecía profundamente pues, debido a su estado, podría quedarse atrás. Sus compañeros mártires unánimemente rezaron por ella al Señor tres días antes de los juegos. Efectivamente, poco después de la oración, comenzaron los dolores del parto. Cuando ella se quejaba fuertemente a causa del dolor de su parto prematuro, uno de los guardianes le dijo: ‘Si ya desde ahora te lamentas en esta forma, ¿que harás cuando te echen a las bestias?’ Ella contestó: ‘Ahora estoy sufriendo yo misma, pero allá habrá otro dentro de mí que sufrirá por mí, porque eso redundará en su gloria’. Felícidad dio a luz una niña a la cual una de nuestras hermanas crió como su hija".

8 SAN JUAN DE DIOS, religioso

Nació en Montemoro Novo (Portugal), cerca de Lisboa, en 1495. Hasta los 40 años, vivió alejado de Dios y metido en muchos trabajos, consiguiendo una buena posición económica.

Un día, escuchando en Granada (España), donde vivía, la predicación del beato Juan de Ávila, sintió tan fuerte el llamado del Señor, que vendió todo lo que tenía y lo repartió a los pobres. Su cambio de vida impresionó a muchos, que creyeron haberse vuelto loco; por eso lo llevaron al manicomio.

Allí se percató del trato cruel que se les daba a los dementes, atándolos con cadenas y golpeándolos como animales. Decidió ayudarlos, entregando su vida al servicio de los enfermos. Transformó su casa en hospital. Se puso al cuidado de ellos, como enfermero, médico y amigo. Al anochecer, solía ir por las calles pidiendo ayuda para sus enfermos, diciendo: "Haced el bien, hermanos".

Era sorprendente su actividad para ayudar a los que sufrían. Acostumbraba decir: "Nunca hay que dormir, si a Dios quieres servir".

Murió a los 55 años, el 8 de marzo de 1550, arrodillado ante el altar y extenuado por el esfuerzo que había hecho al rescatar a un hombre, que se estaba ahogando durante una inundación.

 

9 SANTA FRANCISCA ROMANA, religiosa
Nació en Roma en 1384 de una familia acaudalada. Muy joven, fue dada como esposa a Lorenzo de Ponziani. Durante cuarenta años fue modelo de esposa y madre, entregada a la educación de sus hijos. Debido a esto, la iglesia de Santa Francisca Romana, que se localiza en el corazón de la Roma imperial, entre el Arco de Tito y la Basílica de Masenzio, es la más escogida por las parejas que se casan.

La familia de esta santa rebasaba el límite del esposo e hijos: se extendía a toda la servidumbre, que consideraba sus hermanos, a los pobres y enfermos, que asistía como a hijos, y a todo su parentesco, que la buscaba para recibir consejos. No le faltaron fuertes penas: dos de los tres hijos que tuvo, se le murieron estando todavía pequeños. En una de las ocupaciones que sufrió Roma, su marido fue hecho prisionero y mutilado y el único hijo quedó en manos de los enemigos como rehén.

Estas pruebas no debilitaron su fe, sino que la purificaron cada día más. Fue una mujer de gran oración.

Muerto su marido, reunió bajo la Regla de San Benito a un grupo de mujeres deseosas de consagrarse a Dios. Descansó en el Señor el 2 de marzo del año 1440.

 

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17 SAN PATRICIO, obispo


San Patricio es el Patrono de los irlandeses y su fiesta se identifica con la fiesta del catolicismo de los Estados Unidos de Norteamérica.

Nació en Inglaterra el año 385. A los 16 años fue raptado, con muchas otras personas, por piratas irlandeses todavía paganos. Durante seis años estuvo en Irlanda como esclavo. Después de dos tentativas inútiles, logró escaparse y regresar a Inglaterra. Luego estudió y fue ordenado sacerdote. Siempre alimentó su deseo de regresar a Irlanda para predicar el evangelio de Cristo. Este deseo se hizo realidad cuando el papa, en el año 432, lo mandó como obispo misionero.

Conociendo el idioma y las costumbres, y sobre todo con su vida de oración y sacrificio, misionó en toda la isla, suscitando grandes conversiones. La más impresionante fue la del rey Leogario. El ejemplo del soberano cundió en la población que aceptó el cristianismo. No obstante las conversiones multitudinarias, la evangelización de Patricio fue profunda y duradera. De Irlanda han salido muchos y santos misioneros. Durante las invasiones de los bárbaros, que causó una gran crisis al cristianismo europeo, los misioneros irlandeses de la talla de los santos Colombano, Galo, Orso, Fredian, Cataldo y Donato, difundieron por doquier el Evangelio.

Los católicos de Estados Unidos deben mucho a los numerosos misioneros irlandeses.

18 SAN CIRILO DE JERUSALEN, obispo y doctor de la Iglesia

Nació de padres cristianos el año 315 y fue educado con una excelente formación literaria. El año 348 sucedió en la Sede de Jerusalén al obispo Máximo. Tuvo que sufrir mucho por defender la fe en la divinidad de Cristo. Tres veces fue desterrado.

Sus sermones, en los que explicó a los fieles la doctrina verdadera, la Sagrada Escritura y la Tradición, son testimonio de su gran celo pastoral. Fue célebre la frase que pronunció en el Concilio de Constantinopla (381): "El error presenta muchas formas, la verdad una sola cara".

En una de sus catequesis acerca de la reverencia a la Eucaristía para los que recibían la Hostia en la mano, leemos: "Hagan de su mano izquierda como un trono en que se apoye la mano derecha que ha de recibir al rey: santifiquen luego sus ojos con el contacto del cuerpo divino y comulguen; no pierdan la menor partícula". Murió en el año 386.

19 de Marzo SAN JOSÉ, esposo de la Virgen María

Los evangelios no nos dicen mucho acerca de San José, pero lo que leemos en San Mateo y San Lucas es suficiente para hacernos una idea exacta de la importancia que revistió este hombre en el plan de la Redención. En ocasión de la anunciación, San Lucas nos dice que la Virgen de Nazaret estaba "desposada con un hombre llamado José" (Lc 1, 27).

Por su parte, San Mateo nos refiere la aparición en sueños del Angel del Señor, que le dice: "José, hijo de David, no temas tomar contigo a María tu mujer porque lo engendrado en ella es obra del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tœ le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados" (Mt 1, 21).

"Despertado José del sueño, hizo como el Angel del Señor le había mandado, y tomó consigo a su mujer" (Mt 1, 24).

José, "siendo hombre justo" (Mt 1, 19), obedece al Señor y entra concientemente en el misterio de la Redención. "De este misterio Divino José es, junto a María, el primer depositario" (Redemptoris Custos).

Estando cerca el nacimiento de Jesús, para obedecer a una ley imperial de empadronamiento, José y María van a Belén.

En un momento tan importante de la Redención, cual es el nacimiento de Jesús, no podía estar ausente el que el Padre había escogido como un representante, José el esposo de María.

Luego, "siendo la circuncisión del hijo el primer deber religioso del padre, José con este rito (Lc 2, 21) ejercitó su derecho-deber respecto a Jesús" (R. C., 11).

"En la circuncisión, José impone al niño el nombre de Jesús. Este nombre es el único en el que se halla la salvación (He 4, 12); y a José le había sido revelado el significado: "Y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados" (Mt 1, 21). Al imponer su nombre, José declara su paternidad legal sobre Jesús y, al proclamar el nombre, proclama también su misión salvadora" (R. C., 12).

También, San Lucas nos narra la presentación de Jesús al Templo. José está presente, viviendo con María lo que los dos ancianos, Simeón y Ana, decían del niño: "Su padre y su madre estaban admirados de lo que se decía de él" (Lc 2, 33).

Más tarde encontramos la Sagrada Familia en grandes apuros. Una vez más el Angel del Señor se aparece en sueños a José y le dice: "Levántate, toma contigo al niño y a su madre y huye a Egipto; y estate allí hasta que yo te diga. Porque Herodes va a buscar al niño para matarle" (Mt 2, 13).

A la muerte de Herodes otra vez el Angel le avisó a José que regrese a la Tierra de Israel (Mt 2, 19-21)

Luego sucede la pérdida de Jesús en ocasión de su peregrinación al templo de Jerusalén. Al encontrarlo, María le dice: "Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Mira, tu padre y yo, angustiados, te andábamos buscando". El les dijo: "Y ¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?" Pero ellos no comprendieron la respuesta que les dio. "Bajó con ellos y vino a Nazaret, y vivió sujeto a ellos" (Lc 2, 48-51).

He aquí todo lo que dicen los evangelistas acerca de José. Para conocer mejor a este extraordinario "hombre de Dios", conviene leer la Exhortación Apostólica "Redemptoris Custos" del papa Juan Pablo II.

23 Santo Toribio de Mogrovejo, obispo

Nació en España hacia el año 1538 y estudió derecho en Salamanca. El año 1580 fue nombrado obispo de Lima y partió para América. Inflamado de celo apostólico, celebró frecuentes sínodos y concilios, con el fin de promover la vida religiosa de todo aquel territorio. Defendió con valentía los derechos de la Iglesia, atendió con solicitud al pueblo que le había sido encomendado, visitándolo con frecuencia y preocupándose de un modo especial por la población autóctona. Murió el 23 de marzo del año 1606, cerca de Lima, durante una visita pastoral.

25 La Anunciación del Señor

Esta fiesta es de origen oriental; luego, pasó a Roma en el siglo VII con el título de "Anunciación del Señor". Desde un principio se puso esta solemnidad en el número de las fiestas del Señor: más que la Virgen María, el protagonista es el Hijo de Dios, cuya concepción anuncia el Angel.

La fecha escogida no se presta para que sea solemnizada. Siempre cae en Cuaresma y a veces durante la Semana Santa. Festejar la Encarnación del Verbo de Dios en María, desentona con toda la temática cuaresmal. Si se hace mención, se debe al recuento hecho de los meses de expectación a partir del nacimiento de Jesús. Esta fecha, pues, está condicionada por la escogida para celebrar la Navidad.

Si Cristo es el protagonista principal de esta solemnidad, la Virgen María no puede dejarse en el olvido. Ella es la que se ve en la Anunciación, la que pregunta y la que da la respuesta generosa de su cooperación. Es por eso que la Iglesia honra también a María, medita sobre el "Si" pronunciado por ella, y profundiza sobre el "Si" del Verbo de Dios: "¡He aquí que vengo a hacer, oh Dios, tu voluntad!" (Hb 10, 7).