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¿Es infalible el preservativo?


Lic. Oscar Fernando M.

MITO:  No es posible ni conveniente cerrar los ojos a la realidad, si los jóvenes de todas formas van a tener relaciones sexuales, es preferible que usen el condón para evitar el contagio de Enfermedades de Transmisión Sexual (ETS) y el SIDA.

REALIDAD: Se halló que los estudiantes universitarios, usuarios de preservativo, tenían una tasa de infección del 35.7%, y los no usuarios del 37%, diferencia que no es estadísticamente significativa.

Un informe del Instituto Alan Guttmacher, afirma que la incidencia de ETS en los Estados Unidos es de 12 millones de casos nuevos por año y, de estos, 3 millones, 25%, se dan en personas menores de 25 años. Las ETS afectan desproporcionadamente a las mujeres, produciendo la enfermedad inflamatoria pélvica (PID), infertilidad y embarazos ectópicos, y haciendo a estas mujeres mucho más susceptibles al SIDA.

Se han empezado a desarrollar programas que conviertan el alto riesgo en bajo riesgo, y el bajo riesgo en ningún riesgo. El primer programa de este tipo, denominado «Posponer las relaciones sexuales» comenzó en Atlanta en 1983. «Al final del 8° grado, los estudiantes que no habían participado en el programa tenían cinco veces más probabilidades de haber empezado su actividad sexual que quienes habían seguido el programa.» Estos programas han mostrado notable efectividad para reducir la tasa de actividad sexual y embarazos, resultados que no son observables en ninguno de los que se han basado en contraceptivos. Los programas que subrayan la abstinencia, pero que también proporcionan preservativos como una especie de salvavidas, no han sido tan efectivos como los que se apoyan exclusivamente en la abstinencia.
Un estudio realizado por el Medical Institute for Sexual Health presentó pruebas de que el actual modelo público designado para el embarazo en adolescentes está fallando, y que la abstinencia es el método más efectivo para evitar la transmisión de enfermedades sexuales. El informe «Construyendo futuros saludables: herramientas para ayudar a los adolescentes a evitar el inicio de su actividad sexual», presenta también la primera revisión intensa de los estudios que evalúan el modelo educativo de la abstinencia, rescatando «programas que enseñan exclusivamente que la abstinencia afecta positivamente la conducta sexual». Según Joe S. Mcllhaney, presidente y fundador del Instituto Médico «Construyendo futuros saludables» trata de explicar lo que es y no es trabajar en la lucha por proteger a los niños de las epidemias transmitidas por infecciones sexuales y embarazos prematrimoniales: «Cada día, en Estados Unidos, 8 mil adolescentes contraen infecciones transmitidas sexualmente.» También se constata que uno de cada cuatro, de los 15 millones de individuos que contraen enfermedades sexuales cada año, son menores de 20 años. El estudio muestra también que el 60 por ciento de las mujeres con actividad sexual son infectadas con el virus papilloma (HPV), que causa casi el 90 por ciento del cáncer de cerviz, y que cada año, cerca de 900 mil adolescentes quedan embarazadas en Estados Unidos.

dudas

Posición de la Iglesia

En los medios de comunicación, frecuentemente, se critica a la Iglesia por oponerse al uso del preservativo. Esta oposición al condón, por tratarse de un medio anticonceptivo, es verdadera. Pero es un hecho que ninguno de sus múltiples promotores se ha atrevido a dar el dato de la efectividad real del preservativo como medio para evitar el contagio. Simple y sencillamente aceptan su eficacia como un dogma de fe. Menos todavía se discute si la estrategia seguida hasta el momento ha dado los resultados positivos esperados.

 




 


Critican a la Iglesia de «inhumana», pero olvidan que la asistencia a los enfermos de SIDA en el mundo es cubierta, en casi una cuarta parte del total, por los agentes sanitarios católicos.
La directriz que la Iglesia ha marcado respecto al uso del preservativo es básicamente la misma que toma ante cualquier anticonceptivo que separa el aspecto unitivo del procreativo.

Al promover el condón como un anticonceptivo capaz de evitar el contagio de ETS –incluido el VIH–, se continúa con la finalidad anticonceptiva y, por tanto,  respecto a su calidad moral se puede afirmar que: «una intención aparentemente buena no hace bueno ni justo un comportamiento en sí mismo desordenado; ...las circunstancias no pueden hacer ni buena ni justa una acción que de suyo es mala» (Cat. I.C. 1753-1754).

Conclusiones

Quienes ajustan su conducta sexual a la abstinencia antes del matrimonio y optan por la fidelidad a la pareja no infectada, no necesitan del preservativo.
Como el contagio está ligado a la conducta, sólo un cambio de conducta puede impedir la propagación.

Las autoridades gubernamentales consideran imposible la fidelidad a la pareja, pero sí suponen una lealtad sin falla al preservativo y una fe ciega en su eficacia. Pero pensemos: ¿alguien cuerdo tendría relaciones sexuales con un portador del virus VIH, utilizando el preservativo?

Los preservativos se siguen promoviendo y fabricando, se ofertan y se compran. Lo que llama la atención es que las autoridades continúen recomendando su uso, en lugar de dirigir la campaña contra el SIDA basada en una educación responsable, en la abstinencia y la fidelidad conyugal.

Una persona puede usar el condón, pero seguramente vivirá con el temor continuo de ser contagiado de cualquier ETS. Puede, por otro lado, evitar el mal uso del sexo pensando continuamente en la conveniencia de abstenerse y ser fiel a su pareja. Hoy se discute cuál será el modo más razonable y eficiente. Lo que haría falta es preguntarnos sobre cuál es el más sano.
Ante la pregunta de si el condón previene realmente del SIDA, y en general de las ETS, se podrían dar mil respuestas, presentándolo como una solución ideal para combatirlas, pero... la realidad continúa siendo otra.

Los partidarios del uso del preservativo plantean también lo siguiente: «para quien de todas formas va a tener relaciones sexuales es preferible utilizar el condón que no hacerlo. En un barco –dicen–, siempre se llevan salvavidas, aunque no piensen en hundirse». De acuerdo, son como los salvavidas de los barcos, pero sucede que esos barcos tienen la manía de divertir a sus pasajeros navegando siempre en zona de icebergs.

Ser seropositivo cambia la vida de la persona, su familia y entorno social; ya nada es igual porque ha contraído una enfermedad mortal y transmisible. Por tanto:

1° Es preferible invertir en campañas que hagan cambiar los malos hábitos, este remedio es definitivo, el otro –querer implantar costumbres que de antemano se conocen ineficaces–, es demencial.

2° El condón se promueve como un método eficaz para prevenir el SIDA, y eso es una falsedad. Es necesario advertir a la sociedad del porcentaje de efectividad real.

3° El impulso del preservativo no representa ninguna solución, al contrario, puede multiplicar el problema. Definitivamente, es más conveniente promover la abstinencia y la fidelidad.