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Critican a la Iglesia de «inhumana», pero olvidan que la asistencia a los enfermos de SIDA en el mundo es cubierta, en casi una cuarta parte del total, por los agentes sanitarios católicos. Al promover el condón como un anticonceptivo capaz de evitar el contagio de ETS –incluido el VIH–, se continúa con la finalidad anticonceptiva y, por tanto, respecto a su calidad moral se puede afirmar que: «una intención aparentemente buena no hace bueno ni justo un comportamiento en sí mismo desordenado; ...las circunstancias no pueden hacer ni buena ni justa una acción que de suyo es mala» (Cat. I.C. 1753-1754). Conclusiones Quienes ajustan su conducta sexual a la abstinencia antes del matrimonio y optan por la fidelidad a la pareja no infectada, no necesitan del preservativo. Las autoridades gubernamentales consideran imposible la fidelidad a la pareja, pero sí suponen una lealtad sin falla al preservativo y una fe ciega en su eficacia. Pero pensemos: ¿alguien cuerdo tendría relaciones sexuales con un portador del virus VIH, utilizando el preservativo? Los preservativos se siguen promoviendo y fabricando, se ofertan y se compran. Lo que llama la atención es que las autoridades continúen recomendando su uso, en lugar de dirigir la campaña contra el SIDA basada en una educación responsable, en la abstinencia y la fidelidad conyugal. Una persona puede usar el condón, pero seguramente vivirá con el temor continuo de ser contagiado de cualquier ETS. Puede, por otro lado, evitar el mal uso del sexo pensando continuamente en la conveniencia de abstenerse y ser fiel a su pareja. Hoy se discute cuál será el modo más razonable y eficiente. Lo que haría falta es preguntarnos sobre cuál es el más sano. Los partidarios del uso del preservativo plantean también lo siguiente: «para quien de todas formas va a tener relaciones sexuales es preferible utilizar el condón que no hacerlo. En un barco –dicen–, siempre se llevan salvavidas, aunque no piensen en hundirse». De acuerdo, son como los salvavidas de los barcos, pero sucede que esos barcos tienen la manía de divertir a sus pasajeros navegando siempre en zona de icebergs. Ser seropositivo cambia la vida de la persona, su familia y entorno social; ya nada es igual porque ha contraído una enfermedad mortal y transmisible. Por tanto: 1° Es preferible invertir en campañas que hagan cambiar los malos hábitos, este remedio es definitivo, el otro –querer implantar costumbres que de antemano se conocen ineficaces–, es demencial. 2° El condón se promueve como un método eficaz para prevenir el SIDA, y eso es una falsedad. Es necesario advertir a la sociedad del porcentaje de efectividad real. 3° El impulso del preservativo no representa ninguna solución, al contrario, puede multiplicar el problema. Definitivamente, es más conveniente promover la abstinencia y la fidelidad.
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