| Solo para Jóvenes | ||||||||||||||||||||||||
| Misioneros Servidores de la Palabra |
||||||||||||||||||||||||
|
|
Echar el dolor Aunque algunos recuerdos parecen demasiado dolorosos como para desvanecerse, tenemos que hacerlo para descubrir nuestro verdadero yo y ponerlo a trabajar a mil por hora. Tú tienes la gran bendición de haber nacido en el seno de la cultura católica. Al ser bañada por las aguas bautismales, te hiciste acreedora de los siete dones del Espíritu Santo. Cada uno de ellos es un regalo que debes disponerte a recibir para desarrollar al máximo tu personalidad y mantener alejados los complejos que únicamente provocan que sientas lástima por ti y olvides que posees la maravillosa dignidad de ser hija de Dios. Pero hay algo que puedes hacer para seguir caminando a lo largo de tu vida sintiéndote feliz y plena por ser quien eres.
Una solución excepcional Así como todos los días te bañas, así como cada día te alimentas o trabajas, no olvides que tu naturaleza interior necesita tener esa comunicación diaria con Dios. Cada vida es una historia, un guión, una biografía única. Cada biografía, cada nombre está cargado de alegría, luchas, dolor, logros y hasta complejos. Procura siempre encontrar el sentido que se oculta detrás de todo lo que te pasa (pues sin duda «todo lo que Dios permite es para nuestro bien»), y a través de tus propias experiencias ya superadas, ayuda a otros, a los tuyos a enfrentar sus propios complejos y dolor. Como quizá pudiera ocurrirte a ti, yo he tenido mis complejos que muchas veces me alejaron de mis sueños. Un día, escuchando los consejos que mi madre me daba para vencer los miedos, se quedó para siempre grabada en mi memoria la siguiente frase: «Todo lo puedo en Cristo que me fortalece» (Fil 4, 13) y dije «adiós a los complejos». El complejo de inferioridad tiene solución: en tu actitud personal, en una visión objetiva de ti misma, pero sobre todo en descubrir que antes que cualquier cosa eres Hija de Dios, viviendo en consecuencia. ¿Quién podría tener un complejo de inferioridad si se supiese hija del Secretario General de la ONU, o del Presidente de su país, o del hombre más rico del mundo? Bueno, pues tú amiga mía, aquí y ahora eres hija de Dios, que es infinitamente superior a cualquier político o empresario. Arroja cualquier complejo de inferioridad, y no olvides acudir a la Santísima Virgen María, ponte a sus pies y cuéntale todo, que ella intercede por todos nosotros todo el tiempo ante Dios. ¡Y eso no lo puede hacer ningún psicólogo!
|
||||||||||||||||||||||